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Científicos emprendedores, los empresarios del futuro

Suele afirmarse que los empresarios del futuro serán científicos, porque poseen las habilidades necesarias para resolver grandes retos. Pero, ¿cómo se transforma un científico o científica en empresario o empresaria? [05.07.2018]

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Por Marysol Farneda
Área Comunicaciones
Parque Científico Tecnológico - UNC
marysol.farneda@unc.edu.ar

En la comunidad académica cada vez hay mayor consenso en torno a la idea de que los conocimientos generados en los claustros –especialmente de las instituciones públicas– deben ser transferidos a la sociedad. En esa línea se inscriben iniciativas como los parques científicos y las incubadoras de empresas. En ambos casos, las universidades proveen el capital de riesgo para armar startups o spin-off. De esa manera apoyan a los científicos durante la etapa más delicada creación de un emprendimiento, período que se conoce, en la jerga, como “valle de la muerte”.

Qué es un emprendedor científico

Es el científico que quiere poner en valor su conocimiento –sus técnicas, productos o desarrollos–​ creando una empresa. En general, se encuadran en lo que se denomina emprendedores de tecnologías profundas (deep-technologies), como el desarrollo de nuevas vacunas, inteligencia artificial o bioingeniería.  

El científico que decide emprender debe afrontar varios desafíos. A diferencia de los ‘emprendedores TIC’, que deben validar su emprendimiento en un plazo de seis meses, los emprendedores científicos tienen ciclos más largos. Primero tienen una fase en que se trabaja en la base científica, para pasar luego a un desarrollo posterior de base tecnológica. Andrés Colombo, coordinador de la Incubadora de Empresas UNC, lo explica: “Transformar el conocimiento puramente científico en un producto tecnológico requiere actividades de investigación, de viabilidad y de escalado, por ejemplo en un proyecto de biotecnología, o en uno que implique desarrollo de hardware y software”.

Otro de los obstáculos para los científicos emprendedores es la obtención del financiamiento necesario que les permita solventar los gastos que insumirá la primera etapa de su iniciativa. Y asociado a ello se encuentran las dificultades para adquirir los conocimientos que permitan gestionar efectivamente ese financiamiento.

 ¿Quién puede apoyarlos en esta instancia? Colombo reconoce: “Salvo poquísimas excepciones, la inversión privada no aparecerá en esta etapa. En Argentina, o en cualquier país, el inversor privado se interesa por un emprendimiento cuando ya hay tracción, es decir, cuando ya hay algunos clientes o usuarios, y con una perspectiva mucho más clara sobre la oportunidad de mercado. Entonces en esta fase los emprendedores científicos necesitan del Estado, el único capaz de financiar esta etapa”.

No obstante, quizá el escollo más complejo es lograr compatibilizar dos roles que mantienen diferencias culturales muy marcadas: el de investigador y el de empresario.

Un científico que desea emprender debe aprender herramientas de gestión, de administración y de comunicación. Según Colombo, esto implica romper con muchos paradigmas y amoldarse a nuevas situaciones, entre otras, un cambio en su red de contactos, por ejemplo.  A su vez, las instituciones científicas todavía no tienen mecanismos para valorar las actividades de los científicos que crean empresas de base científica o tecnológica, donde los criterios de evaluación son distintos a los del desempeño académico.

Daniel Scacchi, secretario de Vinculación Tecnológica y Desarrollo Productivo de la Universidad Nacional del Litoral, con larga experiencia en instituciones de ciencia, tecnología y transferencia, advierte que las universidades deben tener políticas de aplicación de la ciencia. Sin embargo, a su criterio, lo mejor para crear empresas es integrar a científicos con emprendedores.

“Tal vez la solución no sea que el científico sea el emprendedor, sino que el científico se integre con un emprendedor; o que el científico –a través de la estructura de la universidad– permita usar ese conocimiento a un emprendedor", apunta Scacchi.  Y recomienda pensar al emprendedor, no como una persona, sino como un equipo.

De todas maneras, si bien existen científicos que deciden transferir su conocimiento a través de la creación de una empresa, todavía son muy pocos y por ello se desarrollan investigaciones para analizar estos casos. “Actualmente el emprendedor científico es cada vez más estudiado, ya que los gobiernos que apuestan por la ciencia, tecnología e innovación de sus países, necesitan de este tipo de emprendedores, que son vectores de conocimiento hacia la sociedad", apunta Colombo.

Emprendedorismo científico en la UNC

La Universidad Nacional de Córdoba inauguró el Parque Científico Tecnológico y la Incubadora de Empresas UNC 2012, para promover el emprendedorismo y la creación de empresas a partir del conocimiento generado en la Universidad.

Franco Francisca, subsecretario de Innovación, Transferencia y Vinculación Tecnológica de la UNC, explica: “Para nuestra universidad es muy importante promover el emprendedorismo científico, porque es una de las formas en el que el sector académico devuelve algo a la sociedad, con todo el know how de la institución, para ayudar al desarrollo de la región. Con la creación de empresas de base tecnológica, además de la posibilidad de implementar nuevas tecnologías, se generan nuevas fuentes de trabajo". Y completa: “Una vez que uno genera conocimiento a partir del I+D+i (Investigación + Desarrollo + innovación), el siguiente paso es transformar esas ideas innovadoras y creativas en alguna solución o producto innovador.”

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