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La frontera final

“La conquista del espacio, el gran reto. Estos son los viajes de la nave espacial Enterprise. Misión durante los próximos cinco años: explorar nuevos mundos. Descubrir la vida y las civilizaciones que existan en el espacio extraterrestre. Debe llegar adonde jamás ha llegado el ser humano”. Así comenzaba, en su versión doblada al castellano, cada uno de los 79 episodios de la serie Viaje a las Estrellas (Star Trek). Tres años de emisión (1966-1969) y un interminable ciclo de repeticiones, que aún continúa, la convirtieron en una serie de culto. Un hito de la ciencia ficción. [04.03.2015]

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La frontera final

Imagen: NBC Television. Wikimedia Commons

Por Guillermo Goldes1 y Javier Martin2
1- Divulgador científico y Profesor - FaMAF
2 - Profesor - Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales

Para quienes crecimos maravillados imaginando que participábamos de aquellos fabulosos viajes, perdura un recuerdo entrañable y vívido. Frente al televisor en blanco y negro, sentíamos que el puente de mando de la enorme nave era nuestro lugar. Allí podíamos viajar a la velocidad de la luz, o ser teletransportados a la superficie de exóticos planetas.

Pocas series de televisión han influido tanto en la fantasía de niños y jóvenes, planteando un futuro aventurero fuera de la Tierra. El año en que dejó de rodarse, el Hombre llegó a la Luna. Era una meta mucho más modesta y realista. Tiempo después comenzaría una verdadera búsqueda de señales inteligentes provenientes del espacio: el proyecto SETI (Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre, por sus siglas en inglés). Luego iniciarían los relevamientos sistemáticos de indicios de planetas extrasolares: en la actualidad, sabemos que existen muchos planetas orbitando estrellas más o menos distantes. Aún ignoramos si alguno de ellos, o de los muchos otros que seguramente existan, podría albergar alguna forma de vida, por rudimentaria que fuera.

Pero volvamos a Viaje a las Estrellas. Se rodó en años de Guerra Fría y de segregación racial en Estados Unidos. A pesar de ello, la tripulación del Enterprise, situada en la ficción unos pocos siglos en el futuro, era multiétnica, multinacional y, claro está, incluía tripulantes nacidos en otros hipotéticos planetas. Era el caso del oficial científico, el Sr. Spock. Sugestivamente, el personaje era solo mitad humano. Leonard Nimoy, el actor que lo interpretaba, falleció días pasados.

Viaje a las Estrellas nos enfrentaba en cada episodio a situaciones dramáticas. Contrastaba avances tecnológicos con dilemas básicos de la condición humana: la lucha por la subsistencia, la tensión entre lo colectivo y lo individual, el sentido de pertenencia a una comunidad, las estrategias de poder y dominación. Aunque quizás la clave del impacto de la serie radique en el poderoso magnetismo de sus dos personajes principales: el Capitán Kirk y el Sr. Spock. La vida de Spock estaba marcada a fuego por la búsqueda permanente de comprensión racional del mundo. Era exitoso en su función y confiable. Tenía una incapacidad absoluta para comprender las emociones humanas que, por otra parte, experimentaba muy a su pesar. Los contrapuntos entre ambos personajes eran memorables: una visión racionalista contra una totalmente emocional, una mirada a largo plazo frente a otra puramente coyuntural; en fin, una actitud esperanzada y abierta a nuevas posibilidades enfrentada a otra pragmática y atenta sobre todo a las amenazas. Uno buscaba resolver problemas. El otro, sembrar para el futuro. Se diría que funcionaban como dos mitades de un mismo y complejo ser, en permanente contradicción y debate. Casi como cualquiera de nosotros.

La serie y sus múltiples secuelas continúan siendo una fuente inagotable de fantasía y curiosidad científica. Los dispositivos tecnológicos que presentaba no dejan de sorprender. Algunos se fueron concretando en la vida real años después: las pantallas táctiles, los sistemas transferencia de datos entre computadoras sin cables, como en las actuales redes de Wi-Fi, los sistemas de comunicación manos libres. Los intercomunicadores de la tripulación se parecían de forma llamativa a los primeros teléfonos celulares. Podríamos pensar que el desarrollo explosivo de las tecnologías asociadas a las comunicaciones y al manejo de grandes volúmenes de datos estaba prefigurado en Viaje a las Estrellas. Ciertamente, fueron necesarios para la exploración espacial que se desarrolla en la actualidad.

Sería un error reducir la carrera de Leonard Nimoy a su papel como Spock. Su actividad artística fue incesante, tanto en teatro como en cine y televisión. De hecho participó también en otra recordada serie televisiva: Misión Imposible. Sin embargo, su rol en Viaje a las Estrellas resulta para nosotros inseparable de su vida. Recibió numerosos homenajes y admiradores de todo el mundo expresaron su congoja tras su partida. Quizás aún falte un homenaje desde los ámbitos de la ciencia. Y es que, para todos nosotros, no es Nimoy quien ha muerto, es Spock, oficial científico de la Enterprise. Él ha emprendido el más misterioso de los viajes, esta vez sin retorno posible. Vamos a extrañarlo.

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