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El verano llegó justo a tiempo

El domingo 21 de diciembre, alrededor de las ocho de la noche hora argentina, comenzó el verano para todos los países al sur del Ecuador. La noche que siguió fue la más corta del año: se prolongó por algo menos de 10 horas en Córdoba, aunque en Ushuaia apenas si alcanzó unas siete horas. [23.12.2014]

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El verano llegó justo a tiempo

Reloj de sol de Ciudad Universitaria al comienzo del verano austral

Guillermo Goldes
Por Guillermo Goldes
Colaborador UNCiencia
Divulgador científico y Profesor - FaMAF
divulgacion@famaf.unc.edu.ar

A las 13:17 del domingo 21 de diciembre de 2014, el sol alcanzó su máxima altura del año sobre el cielo cordobés: tan solo a ocho grados de la vertical, hacia el norte. Pasó inadvertido, por la gruesa capa de nubes que ocultaba sus rayos. Fue el solsticio de diciembre y a partir de ese momento las noches serán un poco más largas con cada nuevo día, hasta el próximo solsticio en junio de 2015.

Lo llamativo es que no siempre el inicio del verano astronómico coincide con lo que marca el calendario. Durante este siglo, el verano comenzará algunos años tan pronto como el 19 de diciembre, y otros años demorará hasta el 23 del mismo mes. Estas diferencias ocurren por dos causas principales. La primera es que la órbita de la Tierra alrededor del sol no es un círculo perfecto, sino una elipse apenas achatada. Por ello, la distancia de la Tierra al sol varía levemente a lo largo del año. Al cambiar esa distancia, se modifica también la velocidad con que la Tierra se desplaza en el espacio; cuanto más cerca del Sol se encuentra, más velozmente viaja.  La rapidez promedio de nuestro planeta sobre su órbita es de 107.000 km/h, pero se modifica en unos mil kilómetros por hora, en más o en menos, a lo largo del año. Por esa razón la duración de las cuatro estaciones no es la misma, sino que difieren hasta en dos días entre ellas. En 2014, el otoño comenzó el 20 de marzo y terminó en 21 de junio: duró 92 días aproximadamente.  El invierno nos acompañó desde el 21 de junio al 22 de setiembre: fueron unos 94 días. La primavera, por su parte, se extendió desde el 22 de setiembre hasta el 21 de diciembre, sumando 90 días.

En segundo lugar, el año astronómico tiene una duración de 365 días y seis horas. Esa media docena de horas de diferencia con el año calendario hace que el comienzo y fin de las estaciones también se vaya retrasando respecto de su fecha oficial. Cada cuatro años ese retraso acumulado llega a 24 horas y se compensa con la inclusión de un día adicional: el 29 de febrero de los años bisiestos. El último año bisiesto fue 2012 y el próximo será 2016. El retraso acumulado hasta ahora es, por esta causa, de alrededor de 18 horas.

Lo que viene

Los dos efectos mencionados se combinan. En algunos casos se suman y en otros se restan. De todas formas, para prepararnos para el futuro, conviene saber que el verano austral culminará el 20 de marzo de 2015. Durará en total 89 días: será la estación más corta de las cuatro.  Las temperaturas más altas seguramente nos agobiarán durante enero, como ocurre habitualmente. Y será así a pesar de que el sol permanece más tiempo sobre el horizonte e ilumina el suelo más a plomo durante el solsticio de diciembre. Es que el suelo tarda en calentarse bajo los rayos solares. Y el aire tarda aún más en elevar su temperatura, bajo la influencia de la tierra sobrecalentada.  No es de extrañar, pues lo mismo ocurre con una fuente en el horno. Se llama inercia térmica.

Sobre las condiciones climáticas que nos esperan en el futuro, sólo diremos que seguramente serán cada vez más extremas y cambiantes, debido al calentamiento global del cual somos, al menos en parte, responsables.

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