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¿Sabías que el Sol invierte su polaridad cada 11 años?

En los próximos meses se producirá este fenómeno que los astrónomos estudian desde mediados del siglo XIX y que se manifiesta, entre otros indicadores, a través del aumento o disminución de las manchas solares observables en la superficie de nuestra estrella. Andrea Costa, física del Instituto de Astronomía Teórica y Experimental de doble dependencia UNC-Conicet nos cuenta más acerca de este fenómeno. [27.08.2013]

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¿Sabías que el Sol invierte su polaridad cada 11 años?

Imagen: NASA / Solar Dynamics Observatory

Al igual que la Tierra, el Sol posee un campo magnético con polos opuestos. Sin embargo, a diferencia de nuestro planeta, el Sol invierte su polaridad cada 11 años, es decir, que tiene una periodicidad. Este fenómeno implica que los campos magnéticos polares del astro solar se debilitan hasta desaparecer para luego volver a surgir con la polaridad opuesta.

Este debilitamiento está cercano a llegar a cero en los próximos tres meses, mientras que la recuperación de la polaridad se producirá a lo largo de los próximos años. Este fenómeno fue estudiado a mediados del siglo XIX por el astrónomo suizo Johann Rudolf Wolf quien analizó el número de manchas solares. Este científico elaboró un registro de este fenómeno desde 1745 en adelante, gracias a una reconstrucción histórica basada en las anotaciones de los astrónomos de la época.

Según explica Andrea Costa, física e investigadora del Instituto de Astronomía Teórica y Experimental de doble dependencia UNC-Conicet, “la manifestación más directa de la actividad magnética del sol son las manchas solares. El número de manchas aumentan y vuelven a disminuir cumpliendo un ciclo de once años también”.

De esta manera, la astrónoma señala que los datos con que se analizan estos períodos solares se obtienen mediante la observación del Sol, contabilizando el número de manchas a lo largo del ciclo. “También mediante estudios empíricos indirectos, realizados en la Tierra, que permiten estimar la actividad magnética de la estrella en nuestro planeta”, agrega.

Uno de esos estudios indirectos consiste en registrar la variación que presentan los anillos de crecimiento de los árboles y comparar unos con otros. “Este crecimiento es más o menos importante dependiendo de la mayor o menor actividad solar”, puntualiza Costa.

Cambio de polaridad, ¿efectos sobre el Sistema Solar?

Consultada sobre qué ocurre con la Tierra y el resto de los planetas que integran el Sistema Solar durante este proceso de inversión de la polaridad, Costa afirma que la dinámica orbital de estos planetas no se ve afectada por la actividad magnética del sol. Una cosa es el movimiento de los planetas que está asociado a la existencia de la gravedad y otra muy diferente son los efectos debidos al magnetismo solar.

No obstante, aclara que la intensidad de la actividad del Sol, a lo largo de estos períodos de 11 años, sí puede tener otros efectos en nuestra vida cotidiana. “En época de máximo solar hay mayor actividad y, eventualmente, ésta repercute en la Tierra en el sentido que hay más erupciones de partículas cargadas y tormentas magnéticas. Es decir, mayor intensidad de la radiación y eyecciones de partículas de la corona solar –la capa más externa del Sol–, algunas de las cuales pueden alcanzar la Tierra. Si esta actividad es muy intensa, y logra traspasar el escudo terrestre que ofrece el campo magnético de la Tierra, pueden verse afectados los sistemas electrónicos de satélites o la red eléctrica interconectada de regiones de alta latitud”.

Costa precisa que estos efectos siempre existieron, pero que la mayor dependencia tecnológica actual hace que las repercusiones del magnetismo solar sobre los circuitos eléctricos y electrónicos sea detectado con mayor frecuencia. “También ocurre que actualmente tenemos acceso a imágenes satelitales de gran resolución. Estas imágenes y vídeos –obtenidos con telescopios especiales de última generación– nos muestran fenómenos muy energéticos y dinámicos que hasta hace poco eran desconocidos. Esto contrasta ampliamente con la imagen relativamente apacible que tenemos del sol”, añade la científica.

Por Mariana Mendoza |mmendoza@comunicacion.unc.edu.ar

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